viernes, 29 de noviembre de 2013

Experiencia Extracorporal




Fragmento de un libro muy interesante sobre experiencias extracorporales o como algunos suelen llamarlo, viaje astral, al final del articulo les dejo un link de descarga por si quieren leer el libro. Para los que conocen la obra de Carlos Castaneda, estas experiencias les recordaran mucho sobre el manejo de energia y como todo es energia en el Universo. Si bien Castaneda tenia su conocimiento a traves de estados acrecentados de conciencia mediante plantas sagradas, llama mucho la atencion tantos puntos coincidentes con las experiencias fuera del cuerpo que tenia el autor de este libro.

....Repetí en voz alta: «estoy fuera de mi cuerpo» durante cinco o diez minutos. Mientras me quedaba dormido, intensifiqué la afirmación en mi mente. Desperté con la sensación de fuertes vibraciones que recorrían todo mi cuerpo. Inmediatamente concentré toda mi atención en la idea de flotar hasta la puerta de mi dormitorio. En pocos segundos sentí que me elevaba y flotaba hacia la puerta. Después, con una sensación de regocijo, pasé al salón. Mientras echaba una mirada alrededor, comprendí que estaba en mi primer cuerpo de energía (el más denso) y que sentía una irresistible necesidad de explorar. Casi gritando, expresé una firme petición: «Quiero ver más». Al momento, una sensación de movimiento rápido me atrajo hacia mi interior. Sentí como si me atrajera el vacío y en segundos estuve en un nuevo entorno. Me deslumbró y me cegó la intensidad de la luz ambiental. Cuando por instinto intenté protegerme de la radiación, comprendí que mi cuerpo no tenía forma: nada de brazos ni piernas, sólo energía. Intenté comprender que no tenía forma en absoluto. Parecía una luz sin una forma externa identificable. Mi visión era infinita.
Por todas partes emanaba energía pura; no había formas, sólo rayos de luz. Me atrajo lo que parecía una columna de luz blanca pura. Cuando me acerqué, me impactó la intensa potencia de su radiación. Me detuve e intenté ajustarme. La energía era tan intensa que sentía que mi exterior se quemaba. La luz incineraba toda mi parte externa, mis ideas, temores y conceptos. Al principio, intenté protegerme. Me rodeé con ideas, sólo para comprender que también se quemaban por la intensidad de la luz. En ese momento, la luz penetró en mí como un líquido cálido que inundase mi cuerpo y mi mente. Todo mi ser estaba lleno de luz, y cada parte de mí resonaba en una nueva frecuencia. Me tranquilicé y disfruté la sensación de energía pura que me atravesaba.
En lo más íntimo, comprendí que estaba ante algo de extrema importancia. Había algo más dentro de la columna de luz. Ya sin temor, tuve un abrumador deseo de conocer y entender la luz. Me acerqué e intenté atisbar en el interior. La energía y la fuerza puras estaban más allá de las palabras; sentía que estaba junto a un sol resplandeciente que irradiaba ondas de luz. Sabía que estaba seguro y lentamente avancé y toqué la luz. Una intensa descarga de energía recorrió todo mi cuerpo. Sentí que me sumergía en un océano de conocimiento puro. Me inundaban los recuerdos de lo que había sido, de lo que había hecho. Todo ocurría en ese momento. Me maravillaba la absoluta simplicidad de todo. Por primera vez, todo estaba claro. Todo lo que somos y necesitamos está ya aquí. Por primera vez, reconocí que nos hemos separado de nuestro origen. Qué insensatos hemos sido. Nos concentramos en descomponer las formas moleculares cuando la realidad siempre ha estado ahí, esperando pacientemente a que abramos los ojos y veamos. Una vigorizante sensación de amor, un profundo sentimiento de compasión por todo lo que existe, llenó mi ser. 
Comprendí que todos estamos interconectados en un océano de luz de vida. La separación que sentimos es simplemente la densa ilusión de la forma molecular. Mi consciencia cobró vida al comprender que mi mente y su capacidad no son sino otro vehículo temporal de expresión. Existimos más allá de las ideas, más allá del tiempo, más allá de las causas y efectos lineales.
Las interminables oleadas de conocimiento puro me colmaban. Mi mente se desbordaba y comprendí que esto era más de lo que jamás esperé recordar. Grité: «Recordaré esto». Al instante volví a mi cuerpo e intenté abrir los ojos.
No pude moverme y me reconocí bajo un estado cataléptico. Lentamente, sentí un adormecimiento y un hormigueo extendiéndose por mi cuerpo físico. Después de un minuto, pude mover los dedos de las manos y de los pies. Me quedé acostado y repasé la experiencia con una sensación de asombro. Estaba seguro de que la columna de luz era realmente yo, no sólo otra parte de mí, sino el yo puro, la esencia de todo lo que soy. ¿Era posible que fuéramos tan increíbles? Me sentí separado y solo; no obstante, al mismo tiempo me sentía conectado a algo más grande de lo que jamás imaginé. Mi mente se aceleraba captando cosas, más de lo que yo alcanzaba a comprender. Me di cuenta de que como seres humanos tenemos una tendencia natural a etiquetar todo lo que experimentamos y a filtrarlo según nuestros conceptos y conocimientos físicos. Me pregunté si todas las formas sirven para representar en nuestras mentes algo más, algo que existe más allá de toda forma y sustancia; algo tan puro y etéreo que está más allá de la capacidad de nuestras mentes para clasificarlo e interpretarlo. Posiblemente el hecho de reconocer esto fuera un paso importante en sí mismo. Tal vez las constantes disputas entre las diferentes religiones, fes y sectas terminarían si reconociéramos que todas las creencias religiosas son interpretaciones físicas.
Comprendí claramente que a Dios no le importa nuestra teología personal. Nuestras creencias físicas estaban arraigadas en formas y sustancias temporales; no son sino momentos que transcurren en el tiempo.
Lo que realmente importa es la experiencia, la experiencia espiritual. Me pareció que el propósito de todo el universo era esa experiencia: inmediata, intensa y personal. Nada puede sustituirla. Ahora está claro que la experiencia personal es el camino que todos compartimos hacia la sabiduría.
Mientras ampliaba mi exploración más allá de la primera dimensión interna, comencé a observar cosas inusuales. En algunas áreas, las nubes de energía dominaban el ambiente. Resultaba muy impresionante ver algunas de estas nubes adoptando formas específicas. Vi lo que parecían automóviles, casas, incluso barcos parcialmente creados. Después de años de experiencia, comprendí que estos elementos eran el resultado directo del pensamiento humano. Los ambientes de las dimensiones no físicas estaban hechos de energía que respondía a las ideas. Las ideas tenían la capacidad innata de reordenar las energías sutiles que forman las dimensiones que no vemos con nuestros ojos físicos.
Encontré que la sustancia-energía natural de las dimensiones internas eran formas de energía parecidas a nubes. En cierto sentido, esa energía es una radiación de luz que se manipula con facilidad. Parece que los bloques de construcción de esas dimensiones no son las partículas (los átomos y los quarks) sino ondas o frecuencias de energía y de luz. Cuando examiné las nubes de energía, fue evidente que existían como racimos de energía básica, sin forma, en modo muy similar a los hologramas que lentamente crecen y cambian de forma y de densidad.

WILLIAM BUHLMAN

AVENTURAS FUERA DEL CUERPO
(CÓMO REALIZAR VIAJES EXTRACORPORALES)


 
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