domingo, 22 de julio de 2012

Chamanismo por Peter Carroll





El chamanismo es nuestra tradición mágica y mística más antigua. Es del chamanismo que surgen todas las artes religiosas y ciencias mágicas. Las tradiciones chamánicas todavía se practican en todos los continentes meridionales: Australia, África, y América del Sur. Se encuentra primariamente en las sociedades cazadoras pero también sobrevive en la vida aldeana semi asentada donde toma más el carácter de medicina bruja. Las intrusiones de la civilización moderna casi han destruido el chamanismo en América del Norte, Oceanía, Asia del Norte y dentro del Círculo Ártico. Algo del conocimiento chamánico sobrevivió en la brujería europea, mientras que en el Medio Oriente el chamanismo fue absorbido por los cultos sacerdotales de las civilizaciones clásicas.
De un examen de las culturas chamánicas que aún existen y de los registros de aquellas ahora extintas se pueden extraer dos conclusiones. Primeramente, a pesar de la enorme separación geográfica entre las culturas chamánicas, ellas comparten métodos casi idénticos. Segundo, aquello que los magos contemporáneos buscan redescubrir es el conocimiento y el poder chamánicos. Los principios básicos de la magia, como los principios básicos de la ciencia, no cambian, pero se pueden perder. El chamanismo presenta una tecnología mágica muy completa que resume todos los temas ocultos. La
humanidad se encuentra ahora en mayor necesidad de estas habilidades que en cualquier otro momento desde el primer eón, si es que ha de entenderse más bien que destruirse a sí misma. El chamanismo guió una vez a todas las sociedades humanas y las mantuvo en equilibrio con su entorno durante miles de años. Todo ocultismo es un intento de reconquistar esa pasmosa sabiduría perdida. Veamos entonces lo que guardan las tradiciones del chamanismo.
El poder chamánico no se puede acumular progresivamente como otras tecnologías.
Un chamán tendrá suerte si sus aprendices hacen algún adelanto más allá de sus propios logros. Los poderes chamánicos son tan difíciles de dominar que una tradición requiere un continuo influjo de talento sólo para evitar su propia degeneración. Por esto los chamanes comúnmente describen su tradición como habiendo declinado desde glorias pasadas. Sólo un ocasional practicante excepcional puede reconquistar algunos de los poderes más legendarios.
Central al chamanismo es la percepción de otro mundo o serie de otros mundos.
Este tipo de dimensión astral o etérica que contiene diversos poderes, entidades y fuerzas, permite la creación de efectos reales en este mundo. El alma del chamán viaja a través de esta dimensión mientras se encuentra en un estado de trance extático o inducido por las drogas. El viaje se puede emprender para obtener conocimiento adivinatorio, curar una enfermedad, golpear a los enemigos, o encontrar animales de caza.
Generalmente los posibles chamanes se seleccionan entre aquellos de disposición nerviosa. Se les puede asignar a la instrucción chamánica o bien son llevados a ella por un poder presente en la cultura chamánica. La iniciación invoca un viaje al otro mundo, una reunión con espíritus y una experiencia de muerte-renacimiento. En la experiencia de muerte-renacimiento, el candidato tiene una visión de su cuerpo siendo desmembrado, a menudo por seres fantásticos o espíritus animales, y luego rearmado a partir de los despojos. El nuevo cuerpo invariablemente contiene una parte adicional frecuentemente
descrita como un hueso adicional o una inclusión de piedras de cuarzo mágicas o a veces un espíritu animal. Esta experiencia simboliza gráficamente la ubicación del campo de fuerza etérica dentro del cuerpo o la adición a éste de diversos poderes adicionales.
En la mayoría de los sistemas chamánicos esta fuerza etérica se exuda a través de la región umbilical para la magia a corta distancia, aunque en su lugar se puede enviar a través de los ojos o las manos. Es lo mismo que el Chi o Ki o Kundalini o aura.
La tradición chamánica exhibe una gama completa de temas mágicos. El exorcismo y la cura son las principales habilidades compartidas con la comunidad, y éstas comúnmente se emprenden en estados de trance y éxtasis durante los que se hace un viaje al otro mundo para buscar una cura. El ataque mágico y la protección pueden realizarse para clientes, y los chamanes frecuentemente combaten entre sí por la supremacía, a menudo asumiendo para este fin sus formas de animales del otro mundo.
Algunos chamanes cultivan un enorme control fisiológico con el que resistir extremos de calor, frío y dolor. La caminata sobre el fuego en la que se evita mágicamente que un fiero calor abrase la carne es una característica muy común de esta tradición y ocurre en todo el mundo El congreso con el mundo de los espíritus es extenso e incluye diversos espíritus de la naturaleza, servidores y entidades de animales y plantas, las sombras de los muertos, entidades sexuales como íncubos y súcubos y usualmente un dios cornudo, incluso en tierras sin animales cornudos. La salida al otro mundo se hace a través de peligrosas puertas que se golpean, comparables a la concepción moderna del Abismo. Tanto como el
trance, el sueño es un importante método para obtener acceso al otro mundo.
Las herramientas chamánicas son altamente variadas pero generalmente incluyen un artefacto para hacer ruido, como un tambor o matraca de huesos de serpiente, para llamar a los espíritus e inducir el trance, así como diversos objetos de poder, muy comúnmente cristales de cuarzo. Las tradiciones extraordinarias del chamanismo son la fuente primera de todos los sistemas ocultos, y es al chamanismo que debemos mirar si deseamos recobrar las piezas de la magia, la ciencia más antigua del ser humano, y usarlas nuevamente.

El Censor Psiquico




La parte física de nosotros mismos es muy quisquillosa acerca del Caos y la Magia; de hecho, nuestra mente aborrece estas cosas y hay un mecanismo de censura muy poderoso que nos impide usar o notar más que una pequeña fracción de ellas.
Cuando se presentan eventos mágicos reales a las personas, de algún modo ellas se las arreglan para no notarlos. Si se les fuerza a notar algo indiscutiblemente mágico se pueden aterrorizar, sentir náuseas, y enfermarse. El Censor Psíquico nos escuda de intrusiones desde otras realidades. Deja fuera la mayor parte de nuestra comunicación telepática, nos ciega a la presciencia y reduce nuestra capacidad de registrar coincidencias significativas o de recordar sueños. El censor psíquico no está puesto allí sólo por malicia divina; la vida física ordinaria sería imposible sin él. Sería como vivir permanentemente bajo la influencia de alucinógenos.
La conciencia-fuerza en nosotros que aparece como la raíz de la voluntad y la
percepción puede llamarse Kia. Esta Kia no tiene forma. Cualquier forma de motivo innato o divinamente sancionado que uno pueda parecer haber encontrado en ella es una ilusión. Es este vacío al centro del propio ser que es el real Santo Ángel Guardián. El censor psíquico, por otra parte, es una cosa material que protege a la mente de la magia y de ser abrumada por la imponente extrañeza de la dimensión psíquica que a nosotros se nos aparece como caos. Los magos tienen varios trucos en la manga para pasar por alto selectivamente al censor psíquico. El censor es más activo en algunos niveles de conciencia que en otros. En el nivel de sueño, la percepción, y a veces la voluntad, tienen más libertad para actuar mágicamente, pero a menudo el censor triunfa en evitar ya sea que la orden de hacer esto penetre el nivel de sueño, o que se acceda al recuerdo en el nivel despierto.
El censor da al nivel despierto (en el cual somos conscientes de pensar y tener emociones) el mayor grado de protección, y muchas técnicas mágicas están  diseñadas para apartar la conciencia de este nivel. El nivel robótico en el que realizamos tareas automáticas no está tan bien protegido. En un estado de preocupación distraída pueden ocurrir extraños destellos de percepción casi subliminal, pero a menudo el censor actúa para evitar que éstos entren de lleno en la conciencia. Si se puede superar esta barrera, puede percibirse un volumen casi enloquecedor de telepatía, precognición a corto plazo, y coincidencias improbables. El nivel gnóstico de concentración inmóvil o excitación extática es el menos protegido por el censor, porque en este nivel se silencia gran parte de la mente. En consecuencia, la mayoría de los sistemas mágicos efectivos han desarrollado uno o más métodos para entrar deliberadamente a este nivel.


Peter Carroll

jueves, 12 de julio de 2012

Alta Magia y Cabala




La magia es la producción de un efecto deseado, interno o externo al mago, por medio de la utilización deliberada de poderes y de facultades que pertenecen a la psique. El efecto puede ser igualmente obtenido por la acción de entidades o de energías indepenientes de la psique del mago, pero el proceso debe permanecer en su totalidad bajo el control del mago y depender de su propia voluntad. Esta condición es indispensable. Aquellos efectos provinientes de fenómenos milagrosos o que nacen espontáneamente del psiquismo (causados por un estado de mediumnismo o incluso derivados de un caso de posesión) no pueden ser calificados de mágicos.

 La alta magia y lo que se podría llamar la «baja magia», que corresponde a la brujería, se rigen por la definición que acabamos de dar. Se diferencian por el nivel de poderes puestos en funcionamiento en el cuerpo de-las operaciones y no por sus objetivos propios. Es de todo punto posible realizar un ritual de alta magia con un fin puramente utilitario, por ejemplo ser más próspero o ganar un proceso, así como usar eficazmente la baja magia para una causa altruista. Se debe dejar aquí bien claro que tanto para obtener los resultados más concretos como para conseguir los objetivos más nobles, los medios mágicos requeridos ponen en acción todos los niveles del ser y del universo eterno, desde los más espirituales hasta los más materiales.

Es este contexto el que se califica como alta magia. Los cultos considerados como de naturaleza mágico-religiosa se prestan particularmente bien a los trabajos de alta magia. Por ejemplo, los de Babilonia y Caldea, cuyas principales creencias se encuentran integradas en la trama de la tradición de los misterios de Occidente.
Sucede lo mismo con las religiones antiguas y con las ramas místicas de las grandes religiones monoteístas. A partir de ahí, nuestro sistema mágico debe tener la capacidad, al menos en sus potencialidades, de integrar cada uno de estos cultos e igualmente prestarse a una utilización por un mago apartada de todo componente dogmático.
La tradición occidental se distingue por su equilibrio y su plenitud, frutos de una larga maduración a través de la influencia de pensadores como Plotino, Proclus, Avicena, Salomón ibn Gabirolo Marsilio Ficino. Se desarrolla siguiendo cuatro aproximaciones, a la vez distintas y simultáneas. Es una visión del universo en cada uno de sus niveles de existencia y de su interacción dinámica. Es una percepción del hombre que se acomoda a los conceptos de la psicología contemporánea, aunque superándola. Es la base y el soporte de una alta magia cuya eficacia se fundamenta en su visión del universo y del hombre. Y en fin, coronamiento de la tradición al mismo tiempo que su mayor obra, es un proceso iniciático de iluminación que guía al aspirante, le confiere todo poder sobre el desarrollo de sus facultades interiores y le sitúa sobre la pista del auténtico cumplimiento de su destino.
Esta escuela de sabiduría se denomina de Occidente, puesto que es compatible con el modo de vida occidental y su evolución permanece íntimamente ligada a la historia de nuestra cultura. Evidentemente, esta cualificación no nos conduce al rechazo de conceptos y fuentes orientales. La referencia a Pitágoras y a los cultos de misterios postclásicos nos disuadiría de ello, así como las grandes corrientes transculturales —el budismo, por ejemplo—, las cuales han podido penetrar en la cristiandad, en el Islam o en el judaísmo, a través de los Hesicastas, de los Ismaelitas o de ciertas enseñanzas del Zohar. Enteramente adaptada al uso occidental, integrando un cuerpo de conceptos y una práctica específicamente occidentales, esta tradición se presenta, no obstante, como la afirmación de la unidad del hombre, del hombre de tiempos pasados o del presente, de Occidente o de Oriente.
Semejante sistema de pensamiento y de iluminación necesita de una herramienta poderosa. Progresivamente, desde Babilonia y Egipto, a través de las escuelas de Constantinopla y de Alejandría, gracias a la incomparable cantera mística de la España medieval que precedió a la era de la Inquisición, los elementos de la herramienta fueron elaborados y amorosamente ajustados por generaciones de maestros y discípulos. Esta herramienta fue la Cábala.

El campo de la Cábala es tan vasto y sus contornos de apariencia tan difusos y múltiples que, inevitablemente, es compartida y modelada al ritmo de las orientaciones y de las preocupaciones de aquellos que la reclaman como «suya». Esquemáticamente, existe una Cábala «tradicional», considerada como mística y contemplativa, y una Cábala «moderna» de vocación mágica. La distinción no es absoluta. El glifo fundamental, que es el Arbol de la Vida, y ciertos textos, son comunes a los dos aspectos. Sin embargo, las divergencias se incrementan con el tiempo y son hoy día muy marcadas de hecho en las obras de Aleister Crowley y de Dion Fortune, pioneros de la Cábala mágica.
La Aurum Solis se refiere a la Cábala «moderna». Aparte de sus trabajos de investigación sobre la tradición ogdoádica, lo esencial de su tarea ha consistido en extraer los conceptos fundamentales de la Cábala, desprenderlos de la parte de naturaleza más específicamente histórica o teológica y explicarlos en un lenguaje adaptado al estudio de la alta magia.
El principal concepto de la Cábala «moderna», que se encuentra en todas las formas de magia, es el de «correspondencias». Que esta noción está natural y espontáneamente ligada a la naturaleza del hombre, se explicará más fácilmente con un ejemplo que con una definición. A pesar de las diferencias que la experiencia individual o cultural generan, las personas se avienen a la existencia de un rapport, de una correspondencia entre ciertos colores o ciertas músicas y ciertas emociones. Estas correspondencias pueden ser utilizadas para  condicionarse o condicionar a otros: en el ámbito de los resultados en el deporte o en la industria, numerosas investigaciones son llevadas a cabo con esta perspectiva.
En el dominio mágico, el concepto de correspondencia es conocido desde siempre, pues provee de un medio inmediato de ligazón entre los mundos material y no material. En el curso de un ritual mágico, el espíritu racional del mago controla la operación. Sin embargo, él no puede aprehender directamente lo que ocurre tras la escena del mundo material y controlar la acción mágica propiamente dicha.
Cualesquiera que sean las entidades o los mundos implicados, el espíritu racional deberá hacer intervenir al subracional como intérprete y agente. Las correspondencias adaptadas a este ritual serán entonces esenciales.
Nos queda por hacer un breve recorrido por la tradición ogdoádica.
«Ogdoádica» significa «que pertenece al número ocho». El término «ogdoada», relativo al número de Eones en ciertas doctrinas gnósticas, es utilizado en un contexto diferente del nuestro. Sin embargo, tanto en éste como en el marco de nuestra tradición, el número ocho ha sido escogido en razón de sus asociaciones, esas mismas asociaciones que confieren ocho rayos a la Estrella Gloriosa de la Regeneración, el símbolo distintivo de la tradición ogdoádica y, por consiguiente, de la Aurum Solis.

En los textos de las tablillas de Mesopotamia, la estrella de ocho ramas, adaptada a la escultura cuneiforme acompaña al nombre de los dioses como símbolo de su naturaleza divina. Para los pitagóricos, ocho es el número de la perfección. En la esfera cristiana simbolizaba la regeneración. En la segunda epístola de Pedro (2,5), se encuentra una referencia un tanto oscura a que del diluvio son salvadas ocho personas de la familia de Noé, sin otro comentario; como si el autor supusiera que sus lectores estaban familiarizados con la idea implicada. La estrella de ocho brazos o la~ flor de ocho pétalos adornaba con frecuencia el velo de la Virgen en los iconos bizantinos y figura todavía hoy, en Grecia, en las tarjetas de felicitación enviadas con ocasión de las Pascuas. Y no es casualidad que el ocho presente la misma forma que el signo «infinito».
La gama musical de las notas propone otro símbolo de renacimiento y de regeneración: la octava nota de la escala ascendente es la misma que su nota básica, sin ser la misma. Cicerón, en el Sueño de Escipión, se refiere a este simbolismo. Escipión el Africano revela a sus nietos las relaciones entre lo temporal y lo espiritual. Evoca a las estrellas lejanas que brillan más allá de los planetas y que pertenecen a la esfera de ‘las estrellas fijas. Estas representan las regiones de la experiencia espiritual que se mantiene más allá del campo de las vicisitudes terrestres.
Más próximas, las órbitas de las siete luminarias se sitúan en un plano geocéntrico.
A cada uno de los siete planetas, le asigna una nota, correspondiente a la vibración que éste emite en su rápido curso por el espacio. Así, la Luna, como es la primera nota y la más baja, tendrá su octava superior en la esfera de las estrellas fijas, constituyendo de este modo un puente entre lo transitorio y lo eterno. Establecido este principio, Escipión añade: «Los hombres hábiles han imitado esta armonía con las cuerdas y el canto. De este modo han abierto la vía de su retorno a esta región.»


Melita Denning & Osborne Phillips

domingo, 8 de julio de 2012

Campos morficos



La hipótesis novedosa y extraordinaria de la causalidad formativa proporciona un excelente paradigma mágico. En resumen, ésta enuncia que cuandoquiera que ocurre un evento nuevo en el universo, éste predispone a todos los eventos similares posteriores a ocurrir de la misma manera mediante la agencia de un "campo mórfico" ubicuamente a través del espacio y del tiempo. La hipótesis no se preocupa de porqué ocurrió el evento en primer lugar, sino que sugiere que en cuanto éste ha sucedido, genera este campo mórfico que aumenta su probabilidad de ocurrir de nuevo. Esto proporciona una razón de ser para gran parte de la magia.
La clarividencia, por ejemplo, es la conexión con un campo mórfico dejado por un evento en el pasado distante o reciente. Sólo la profecía, siempre la más dudosa de las artes mánticas, no se puede encajar en este esquema. Los atavismos, entidades, dioses, y demonios representarían los campos mórficos dejados por pensamientos humanos y animales. La magia simpática se convierte en la representación deliberada de un evento en miniatura para producir un campo mórfico que hace que el evento deseado ocurra en otra parte. Si imaginar un evento es suficiente para generar un pequeño campo mórfico, entonces se explica la efectividad de la visualización.
La religión adopta el parecer de que la conciencia precedió a la vida orgánica.
Supuestamente hubo dioses, fuerzas angélicas, titanes, y demonios preparando el escenario antes de que se desarrollara la vida material. La ciencia adopta el parecer opuesto y considera que gran parte de la evolución orgánica ocurrió antes de que apareciera el fenómeno de la conciencia. La magia, que ha prestado más atención a la calidad de la conciencia misma, adopta un parecer alternativo y concluye que las formas orgánicas y psíquicas evolucionan sincrónicamente. A medida que ocurre el desarrollo orgánico, se genera un campo psíquico que se retroalimenta a las formas orgánicas. Así cada especie de ser vivo tiene su propio tipo de forma psíquica o esencia mágica. Estos egrégoros ocasionalmente pueden ser sentidos como una presencia o incluso vislumbrados en la forma de la especie sobre la que ellos velan. Quienes han percibido el egrégoro humano usualmente lo describen como Dios. La comunión con los campos mórficos de las bestias es de gran importancia para el chamán y el hechicero, ya que transmite un conocimiento íntimo sobre la criatura real y permite al mago un cierto poder sobre la especie. También puede permitirle apropiarse de ciertas facultades de la bestia, particularmente en el plano etérico. Esta es la razón de la ocurrencia mundial del totemismo entre los pueblos cazadores y la preponderancia de los dioses con cabeza de animal y cuerpo humano en la mayoría de las mitologías.
Los magos consideran que toda la vida en este mundo contribuye a, y depende de, un vasto egrégoro compuesto que se ha conocido diversamente como la Gran Madre, la Anima Mundi, el Gran Arconte, el Diablo, Pan, y Baphomet.


 Peter Carroll
 
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