viernes, 4 de mayo de 2012

Toltecas del Nuevo Milenio



Prácticas como las observaciones de no-hacer, orientarse en la oscuridad con la percepción corporal, la marcha de poder, la conciencia de la muerte, la segunda atención, ejercicios de relación no ordinaria con la conciencia de la tierra, parar el diálogo interno, el enlace con la conciencia de los árboles y la utilización
pragmática de los sueños, entre muchas otras, me eran relativamente familiares por lo vivido entre los Náhuas.
Sin embargo, gran parte de lo que Castaneda escribía eran para mí solamente relatos de poder. Aún cuando la obra ocupó un lugar importante en mí vida, no me dio por buscar a don Juan ni al mismo Carlos. La observación silenciosa de la naturaleza y el Saber sin palabras de los toltecas sobrevivientes, me habían
aclarado bastante como para no estar enredado ya en la fantasía del maestro como vía a la libertad o al Conocimiento. El propio Castaneda era claro en ese sentido. En lugar de buscarme un nagual, procedí con mi propia energía siguiendo la premisa de don Juan Matus: “... Un guerrero es impecable cuando confía en su poder personal, sin importar que sea pequeño o enorme..” (véase Carlos Castaneda, Viaje a ixdán, México, 1974)
Me puse a practicar por mi mismo las estrafalarias técnicas donjuanescas, lo que vino a añadirse a lo que venía ya realizando. Hice largas y repetidas caminatas de atención, me enterré, pasé noches suspendido en un árbol, hice recapitulación, no-haceres del yo personal, inventarios de energía, como pude borré mi historia
personal y hasta llegué a ver. Muchas y muy prolongadas fueron mis experiencias en lo que yo llamaba, “el estudio vivencial de la obra de Carlos Castaneda”. El resultado era contundente: las técnicas funcionaban y revelaban la existencia de una forma de conciencia inusual (la conciencia del otro yo) que implicaba un sin número de recursos ocultos dentro de cada uno de nosotros, así como formas de percepción y de utilización de nuestra energía en términos muy distintos a lo ordinario.
Además de los “fenómenos raros” que suelen captar la atención de los lectores (aliados, hablar con los árboles o la tierra, sensación de vuelo, percibir como un lobo, correr en la oscuridad, conciencia del cuerpo de soñar, etc..), las prácticas castanedianas me pusieron de frente a algo que en última instancia es mucho más
relevante; tenía razón don Juan, el mundo que percibimos así como el yo (nuestro propio ego), no es más que una descripción. Una fantasía que sólo parece real por nuestra insistencia en actuar como si fuera real. Parar el mundo, parar el yo, es mucho más que extraordinarios efectos visuales; es, nada más y nada menos que la posibilidad realizada de experimentar mundos y formas de ser y percibir distintos. Distintos y mejores.
Detener la contradictoria descripción del mundo que cotidianamente construimos y vemos, es el verdadero paso a la libertad que nos permite construirnos mundos mejores para habitar en ellos cotidianamente. Parar la descripción de mi mismo, basada en la importancia personal, llena de quejas, frustraciones y mezquindades, es el paso concreto a la libertad de escoger como ser, de acuerdo a las distintas situaciones que enfrentemos. Dejar de ser esclavo de una forma única de ser. Terminar con la esclavitud de estar determinados por nuestra historia personal. De romper los estrechos límites que nos marca nuestra propia imagen, creada artificialmente.
Adiós al ser y al vivir unilineálmente.
El practicar una las técnicas castanedianas me permitió descubrir, en suma, que somos libres. Podemos escoger cómo ser y cómo vivir.

Toltecas del Nuevo Milenio, Victor Sanchez
Reacciones:

1 comentarios:

Raquel Nuñez dijo...

me gustaria contactar con victor sanchez y aprender como ha llegado a tanto solo con la practica de las enseñanzas de los libros de castaneda

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