jueves, 3 de mayo de 2012

El Camino Tolteca de Don Juan Matus

Sé un guerrero; acalla el dialogo interno; elabora tu inventario y después deshazte de él. Los nuevos videntes hacen inventarios precisos y después se ríen de ellos. Sin el inventario, el punto de encaje se libera. DON JUAN MATUS





Anciano, robusto, seguro de si mismo, don Juan parecía ser el ejemplo quintaesencial de quien tiene la vida encajada. Hasta nuestro último encuentro a mí me pareció una persona severa.
Aunque siempre me intimidaba, nunca sentí desconfianza. Descubrí que era el tipo de persona a la que se podía acudir año tras año en busca de guía y conocimiento. Don Juan se entregó totalmente a la vida del vidente al entregarse completamente a la vida. Podía ser tan elevado como un profesor de filosofía o tener los pies tan en la tierra como un leñador. Se adaptaba a cualquier situación y enseñaba más a
desarrollar las capacidades humanas innatas —lo que incluye una vida plena y completa—, que a hacerse tolteca. En una ocasión, mientras enseñaba a un aprendiz a utilizar sus visiones, le oí decir: «Actúas como un adolescente en primavera, cuando la subida de la sangre le tiene desatado. No quiero que inhibas ese sentimiento, pero entrénalo, disciplínalo, así podrás disfrutar de él aunque seas anciano.»
Don Juan  había crecido con el mundo no ordinario. Cuando recuperaba el equilibrio, él volvía a empujarme. Creó una oposición dinámica que acabó partiendo mi mundo en dos, dejando posteriormente de mi cuenta la recuperación de la totalidad. Por ejemplo, usaba el ensueño como un medio de comunicación. En el mundo ordinario no se piensa que los sueños tengan una finalidad clara, por no hablar de utilizarlos como vehículo de una comunicación deliberada. Como vidente experimentado, don Juan entraba en mi ensueño y lo controlaba para sus propósitos, o durante mi ensueño yo le buscaba para que me ayudara a resolver algún problema. También estimuló mis percepciones en el estado de vigilia. En una ocasión, por ejemplo, vi que su cabeza se ponía de color carmesí brillante mientras el resto de su cuerpo permanecía normal; aquello me recordó a una vela. En otras ocasiones, vi sus energías personales mezcíarse y armonizarse delicadamente con el mundo. Su equilibrio con el mundo no sólo era algo fuera de lo ordinario, era realmente extraordinario.
A través de sofisticados métodos de percepción tales como ensoñar y ver, don Juan usó métodos toltecas para dividir mi percepción. Contrastando estas percepciones con la realidad ordinaria, aprendí a equilibrar ambos mundos. Libre de tomar y escoger piezas de ambos, me di cuenta de que podía estar separado de ellos. Esta capacidad de salir de una realidad y quedarse a un lado es quizá el primer paso significativo en el camino del vidente. Por tanto, lo he llamado la primera maniobra esencial del vidente.
El Camino Tolteca es una antigua tradición que incorpora plenamente la videncia y en la que hombres y mujeres han trabajado para construir una filosofía y una forma de vivir que les permite extraer lo mejor de la vida. Como filosofía, es un método de investigación y un sistema de conocimiento. Como forma de conocimiento, también es una forma de poder. El valor de un sistema es el de proporcionar un contexto, directrices que nos guían no sólo en medio de lo desconocido sino en la vida cotidiana. La  gente tiende a separar sus pensamientos de su forma de actuar, de forma que lo que dicen, sienten y hacen suelen ser cosas diferentes. Los toltecas trabajan para integrar el pensamiento, las emociones y el comportamiento, lo que lleva a una completa integración de las energías personales: El Camino Tolteca es una forma de vivir.
Para bien o para mal, un sistema determina lo que es percibido, comprendido y realizado.
En su aspecto negativo, en lugar de ser usado como herramienta de aprendizaje, el sistema puede ser moldeado y puede acabar siendo percibido como la realidad última y definitiva. Entonces la persona se pierde en él. En el aspecto positivo, el sistema engendra una transformación personal en la que la expresión de la personalidad refleja la esencia que está detrás y más allá de ella. Entonces, el
comportamiento emana de una conexión íntima con toda la creación, más que de las convenciones sociales propias de las realidades ordinarias o no ordinarias.
Los rasgos de un sistema proporcionan un mapa de la percepción. Los mapas nos orientan hacia nuestro lugar, nos ofrecen una dirección en la que avanzar y facilitan nuestro movimiento en esa dirección. Por ejemplo, los rasgos principales del mapa tolteca son el cuerpo luminoso y el punto focal (que Castaneda llama «punto de encaje») El cuerpo luminoso rodea y penetra en el cuerpo físico. El cuerpo fisíco, cuando es vísto, flota dentro de esta luminosidad con forma de bola o huevo. El aura o campo áurico emana del cuerpo luminoso. Comparándolo con una bombilla de incandescencia, el cuerpo físico sería el filamento, el cuerpo luminoso la energía dentro del cristal y el aura la luz emitida.
En su trabajo posterior, Castaneda se refiere al cuerpo luminoso como «cuerpo de energía».


Como el cuerpo físico también es energía (aunque de otra forma), esto nos pone ante un pequeño problema semántico, pero creo que el nombre de «cuerpo de energía» es más gráfico y encaja mejor con el propósito general. Por tanto, aquí seguiremos usando ese término.
El cuerpo de energía es la porción más grande de nuestra naturaleza, una porción cuyo desarrollo hemos descuidado. La energía que emana del cuerpo energético es el campo áurico.
El cuerpo de energía tiene una conexión directa con el mundo y nos produce la sensación de saber cuál es nuestro lugar natural en el universo. Pero en nuestro actual estado de evolución, interactuamos con el mundo a través de otro campo de energía que usa fundamentalmente símbolos —más que la comunicación directa— para estructurar la realidad. Desarrollamos este campo a través de nuestros pensamientos y sentimientos de familiaridad con el mundo. De ahí que este campo genere un reflejo de la realidad. Las condiciones de la realidad que depositamos en él revierten en nosotros como un eco. Y aún existe un tercer campo de energía que existe más allá de la percepción humana.
Castaneda se refiere a estos campos como la «primera, segunda y tercera atenciones» (Fuego, 46). Estas atenciones pueden ser percibidas como energía, lo que hace que el término energía» sea un paso práctico hacia las cualidades más abstractas que conlíeva la palabra «atención».
El primer campo de energía es lo conocido, todo lo que está en nuestro mundo conocido.
El segundo campo de energía es lo que no conocemos pero puede ser aprendido e
incorporado en nuestro mundo conocido. Es lo desconocido que espera ser descubierto.
El tercer campo de energía se extiende más allá de la percepción humana, es lo incognos-cible y está mucho más allá de nuestra comprensión. Otra forma alternativa de ver las tres atenciones expone que el primer campo es el mundo físico, el segundo campo es el mundo no-físico y el tercero es una energía totalmente abstracta o informe. Más adelante examinaremos ambas visiones y el efecto que cada una de ellas tiene en nuestra percepción.


EL CAMINO TOLTECA, KEN EAGLE FEATHER

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