miércoles, 22 de febrero de 2012

Encuentro con el conocimiento



......... Sus movimientos me alarmaron. Le pregunté con quién teníamos cita.
-Con el conocimiento -repuso-. Digamos que el conocimiento anda merodeando por aquí.
No me dio oportunidad de pensar en su críptica respuesta. Rápidamente cambió el tema y en tono jovial me instó a portarme con naturalidad, es decir, a tomar notas y hablar como hubiéramos hecho en su casa.
Lo que más presionaba mi mente en esos instantes era la vívida sensación que, seis meses antes, tuve de "hablar" con un coyote. Ese evento significaba que por vez primera fui capaz de visualizar o aprisionar, con mis cinco sentidos y en total sobriedad, la descripción mágica del mundo: una descripción en que la comunicación a través de palabras con los animales era asunto rutinario.
-No vamos a ponernos a revivir ninguna experiencia de tal naturaleza -dijo don Juan al oír mi pregunta-. No es dable que le des tal atención a los hechos pasados. Podemos tocarlos, pero sólo como referencia.
-¿Por qué motivo, don Juan?
-Todavía no tienes suficiente poder personal para buscar la explicación de los brujos.
-¡Entonces hay una explicación de brujos!
-Claro. Los brujos son hombres. Somos criaturas del pensamiento. Buscamos aclaraciones.
-Yo tenía la impresión de que mi gran falla era buscar explicaciones.
-No. Tu falla es buscar explicaciones convenientes, explicaciones que se ajustan a ti y a tu mundo. Lo que no me gusta es que seas tan razonable. Un brujo también explica las cosas en su mundo, pero no es tan terco como tú.
-¿Cómo puedo llegar a la explicación de los brujos?
-Acumulando poder personal. El poder personal te hará deslizarte con gran facilidad y entrar en la explicación de los brujos. La explicación no es lo que, tú llamarías una explicación; sin embargo, aunque no aclara el mundo ni sus misterios, los hace menos pavorosos. Ésa debería ser la esencia de una explicación, pero no es eso lo que tú buscas. Tú andas detrás del reflejo de ti y tus ideas. Perdí el impulso de hacer preguntas. Pero su sonrisa me invitaba a seguir hablando. Otro asunto de gran importancia para mí era su amigo don Genaro y el extraordinario efecto que sus acciones habían surtido en mi.
Cada vez que entraba en contacto con él, experimentaba distorsiones sensoriales de lo más, extrañas.
Don Juan rió cuando planteé mi pregunta.
-Genaro es estupendo -dijo-. Pero no tiene sentido por ahora hablar de él ni de lo que te hace. Tampoco tienes suficiente poder personal para desenvolver ese tema. Espera a tenerlo, y entonces hablaremos.
-¿Y si nunca lo tengo?
-Si nunca lo tienes, nunca hablaremos.
-Al paso que voy, ¿tendré alguna vez el suficiente? -pregunté.
-De ti depende -respondió-. Yo te he dado toda la información necesaria. Ahora es responsabilidad tuya ganar suficiente poder personal para inclinar la balanza.
-Habla usted en metáforas -dije-. Hábleme claro. Dígame exactamente qué debo hacer. Si ya me lo dijo, digamos que lo olvidé.
Don Juan chasqueó la lengua y se acostó, con los brazos detrás de la cabeza.
-Tú sabes exactamente lo que necesitas -dijo.
Respondí que a veces creía saberlo, pero que la mayor parte del tiempo carecía de confianza en mi mismo.
-Me temo que confundes las cosas -dijo-. La confianza de un guerrero no es la confianza del hombre común.
El hombre común busca la certeza en los ojos del espectador y llama a eso confianza en sí mismo. El guerrero busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre común está enganchado a sus prójimos, mientras que el guerrero sólo depende de sí mismo. Andas en pos de lo imposible. Buscas la confianza del hombre común, cuando deberías buscar la humildad del guerrero. Hay una gran diferencia entre las dos. La confianza implica saber algo con certeza; la humildad implica ser impecable en los propias actos y sentimientos........



Relatos de Poder, Carlos Castañeda
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